13 de mayo de 2011

¿Quién cogió su corazón? ¡Pregúntenle a su novio!

¿Quién cogió su corazón? ¡Pregúntenle a su novio!

Rozó con cuidado su piel. Se estremeció. No necesitaba eso, quería calor. Inconscientemente, se hizo ovillo, buscando que su abrazo le proporcionara calor. El viento susurraba palabras incomprensibles, y que tal vez no quería comprender. Mordió su labio inferior. ¿Qué demonios hacía ahí? Cerró los ojos, recordando cómo llegó hasta allí. Sí, fue una tonta…

Pero, era una tonta enamorada.

Era primero de enero y debían regresar a la escuela. La adrenalina corría por sus venas, nunca antes faltó a una clase, ni cuando estaba enferma y debía reposar en cama; pero, había conocido a alguien. De tan solo pensar en él, una sonrisa boba se dibuja en sus labios. Su bolso pesaba, y era solo para aparentar su huída.

Caminó de prisa, mirando de lado en lado, esperando que alguien descubriera. Sintió el retumbar de su corazón contra su pecho. Faltaban apenas unos minutos para que ‘él’ llegara. Se sentó bajo un árbol, aguardando el momento de su encuentro.

Te amo—Susurró—. Más que a cualquier otra persona —Se sobresaltó ante su voz. Enfocó su vista en la oscura habitación, buscándolo.

Ahí, en la esquina, estaba su silueta, encorvada y con el cabello alborotado. Entre sus manos tenía una bandeja con pan tostado y un café. ¿Era de día? La noche se había pasado en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Se incorporó, con rapidez, arreglando su ropa.

Escuchó una rama crujir. Alzó la vista encontrándose con esos preciosos ojos esmeraldas que la miraban con adoración. No tardaron en sonrojarse sus mejillas. Le correspondió con sus ojos achocolatados y se hizo a un lado. Él inmediatamente se acomodó a su lado y le sonrió.

—Estás preciosa.

Bella desvió la vista, abochornada por el cumplido. Sonrió a medias y, con entusiasmo, buscó algo de su bolso. Sacó una pequeña cajita plateada, mientras su corazón latía al punto de querer salirse, se la extendió. Confundido, aceptó el obsequio. Con más cuidado del necesario, lo abrió, revelando una cadena con una llavecita.

—Es la llave de mi corazón —Explicó, al ver el rostro del joven—. Te entrego toda mi alma y mi corazón, Edward…

— ¿Q-qué hora es? —Inquirió, recargándose en la pared más lejana de él.

—Aún es temprano —Extendió la bandeja hasta los pies de ella. Sus ojos brillaban con la misma adoración de aquel día. Aún de pie, subió a la cama, avanzando sin ningún cuidado hacia Bella. Una vez a su lado, acarició sus castaños cabellos y le sonrió—. Todavía conservo la llave de tu corazón. ¿Cuándo me lo darás?

En el rostro de Bella se vio reflejado el miedo puro, junto con el pánico.

Edward sonrió aún más ampliamente, si es que era posible. Abrazó a Bella y antes de cualquier sonrojo de su parte por el contacto físico, la besó. Su primer beso. No supo definir sus sentimientos, porque eran demasiados y difíciles de explicarlos. Simplemente se dejo llevar por la boca de su, oficialmente, novio.

Solo la falta de aire en sus pulmones logró separarlos. Sus rostros apenas a unos centímetros, respiraciones erráticas y rostros sonrojados. Ella rió tontamente, no sabía qué hacer después de eso. Colocó su cabeza en sus piernas y él acarició sus cabellos. Fue la tarde más hermosa para ellos… Y la única.

Los siguientes dos meses fueron de miel derramada entre ambos. Siempre cogidos de la mano y diciéndose palabras dulces. ¿Quién sospecharía que un chico tan dulce como Edward Cullen podría llegar a estar tan perturbado? Nadie. Caras vemos, corazón y mente no sabemos…

Como todos los días, Edward fue por su novia, a recogerla para ir a la escuela. Su sonrisa –casi permanente- cayó en el momento que Charlie, el padre de su amada, le informó que su amigo Jacob se había adelantado. Frunció el ceño. ¿No le pudo enviar un mensaje?
Dando zancadas regresó a su auto y condujo como alma que se la lleva el diablo. Sólo quería llegar junto a Bella y preguntarle sus razones, la seguridad y vida, serían para otro momento. Tuvo suerte que ningún policía lo pillara infringiendo las leyes, y que llegara a salvo a la preparatoria. La bilis se le subió cuando vio como su novia le sonreía a ese perro.

— ¿E-estás…? —Un nudo se había formado en su garganta y segura como que era de día, empezaría a llorar—. ¿Estás… jugando? ¡Dime que lo haces!

Edward apretó sin querer el agarré en sus cabellos y ella soltó un chillido de dolor. La culpabilidad llegó y dejo caer su mano. Su rostro estaba serio, afirmando que sus palabras no eran de juego, eran serias. Él quería su corazón. Bella tenía que entregárselo.

—No —Respondió—. Mañana es el gran día —Canturreó, ido—. Espero que estés emocionada como yo.

— ¡Isabella Swan! —Rugió, caminando hacia ella—. ¿Me puedes hacer el favor de explicarme qué está pasando?

El color se esfumó del rostro de la castaña. Edward nunca le había hablado de esa forma. Tomó su brazo de forma brusca, apretando sus dedos a su alrededor. Más tarde tendría unas marcas ahí. Jacob le empujó, y quitó su mano del brazo de su amiga. Y, como si se hubiese esperado desde un principio, pelearon. ¿Por Bella? Edward lo justificaba por celos, Jacob sólo había tenido la mala suerte de ser amigo de ella.

Los tres resultaron heridos, pero más Bella, quién se había dado cuenta de la clase de persona que era Edward, aunque aún estando enamorada del sujeto, era difícil alejarse de él. Ésta pelea llegó a oídos del Jefe de Policía Swan, padre de la castaña, quién le prohibió verle. Ambos enamorados no se despidieron e hicieron un vano esfuerzo por luchar a voz de su ‘amor’. Nada funcionó, hasta que en la mente de Edward cruzó esa espantosa idea…

— ¿¡Mañana!?

No hizo nada por ocultar su asombro, ni para que molestarse. Él asintió. Mañana sería el gran día en el que el corazón de Isabella Marie Swan sería suyo por siempre. En secreto había estado practicando con animales del bosque, hasta lograr una cirugía perfecta. Aún muerta, podía quedarse con su cuerpo.

Besó su mejilla y abandonó la habitación, dejando a una deprimida Bella. Su último día. Edward había bromeado una vez con guardar su corazón en el cajón de su ropa interior, pero siempre creyó que era eso, una broma. ¿En qué pensó cuando le regaló esa llave?

Suspiró, cansada. Sabía que en el momento en que bajara la guardia, él le arrancaría su corazón. Calculaba que llevaba poco más de dos meses secuestrada; y aseguraba que su padre la estaba buscando. Lo que inició con una escapada, terminó con un secuestro.  Las saladas lágrimas le eran de lo más amargo. Su primer amor resultó ser el último, y tan dañino como veneno.

Un gruñido, proveniente de su estómago, resonó por la habitación vacía. Miró con desprecio las rebanadas de pan y con sigilo, agarró una. Qué más daba ya si tenían veneno, sería su último alimento antes de… No, tenía que pensar positivamente. Su padre estaría buscándola sin descansar, nunca la daría por muerta. El alimento desapareció en un abrir y cerrar de ojos; todavía se dio el lujo de lamer las boronas y chuparse los dedos.

Cerró sus ojos y…

Escuchó como la puerta se abría…

Unos pasos iban hacia ella…

Se oprimía un interruptor…

Un dolor punzante cruzaba en su pecho y su alarido…

… Cómo Edward le dijo que la amaba por última vez.

¿Dónde se guardó el corazón?

Después de su muerte, el chico de ojos esmerilados se puso frenético e intentó, vanamente, revivirla. Aquello acaba con un homicidio y un suicidio. Cuando Charlie llegó, el horror de ver a su hija muerta y desangrada sin corazón, fue suficiente para él. Odiaría por el resto de sus días a quién solía ser Edward Cullen. Maldijo el día en que se conocieron y en el que decidieron huir…

¿Quién cogió su corazón? ¡Pregúntenle a su novio!

Fin

1 comentario:

  1. queeee quede impactada estuvo muy muy bueno felicidades anne genial como todas tus historias jejeej besos

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